martes, 26 de noviembre de 2013

Auge del Islam en la ciudad de Jaén.

Recordemos la importancia de la cultura islámica en la ciudad de Jaén, analizando sus mejores años en la zona y su importancia más allá de nuestras tierras. No sólo han dejado maravillas como los Baños Árabes, murallas o restos de algún que otro alcazar. Veremos a continuación cómo fue la situación de esta ciudad en tiempos de hegemonía islámica.

Recordemos que la ciudad de Jaén fue tomada por Abdelazib en el año 713 d.c. y perteneció a la cultura islámica hasta el 1246 al ser reconquistada por Fernando III, el Santo.

Baños Árabes, importante edificación que aprovecha el agua de los terrenos jiennenses.
Durante cinco siglos estuvieron los árabes en Jaén. La consideraron como una gran ciudad. Le dieron walí (cargo existente en muchos lugares del mundo árabe e islámico que equivale al de gobernador), levantaron mezquitas y construyeron fortificaciones y palacios.

Con los árabes, Jaén, denominada Yayyan fue una excelente tierra regada por abundante agua que fluye en forma de ríos y fuentes, poseedora de gran cantidad de cultivos, así como de una famosa industria de tapices y utensilios domésticos de madera que se exportaban por todo Al-Andalus y el Magreb. Destacó la magnífica situación geográfica de Yayyan como paso obligado entre Córdoba y Toledo, y entre Córdoba y Tudmir (zona de la actual región de Murcia), pues se podría afirmar que algunas de las más importantes vías del sur de Al-Andalus cruzaban la cora de Yayyan.
Pilar del Arrabalejo, recuerdo aún de los canales fluviales de la ciudad.


Esta época deja una enorme marca en la configuración urbana. Aquella ciudad seguiría el modelo islámico de oriente, que se ha descrito como: “secreta, indiferenciada, sin rostro, misteriosa y recóndita, hondamente religiosa, símbolo de igualdad de los creyentes antes el Dios Supremo”.

Medina Yayyan aparece plenamente configurada en el primer cuarto del siglo XI como núcleo urbano compuesto por la medina amurallada y la alcazaba. El abundante potencial de agua en la propia ciudad y en sus inmediaciones hizo que surgieran fértiles huertos y vegas circundantes para cuyo riego se construyeron albercas.

La ciudad estaba formada por un nicho central, en que se hallaba la mezquita (hoy retornada en la catedral de Jaén), en torno a la cual se agrupaba la vida comercial y religiosa, en el mercado cerrado de productos valiosos, las alhóndigas o almacenes de mercancías, y al mismo tiempo, posadas, baños y zocos.
Convento de las Bernardas, en los Adarves bajos.
Esta mezquita, construida por Abd al-Ramãn II, se alzaba en una zona desde la que se dominaba toda la ciudad, en una plaza de la que partían las calles principales, angostas y tortuosas, que se tornaban a cada paso, formadas por manzanas de casas grandes e irregulares. Las calles más estrechas no tenían salida generalmente, pero sí una puerta para ingreso que se cerraba por la noche al objeto de ofrecer seguridad a sus vecinos. A éstas se le denominaban adarves y aún se conservan algunos (zona de ‘Adarves bajos’, por ejemplo). Otras calles aparecen atravesadas por cobertizos y pasos que unían las plazas elevadas de las casas, a uno y otro lado de la calle. Las gentes se agrupaban en los arrabales y barrios por sus creencias religiosas, así como por su medio de vida u ocupación, de donde se tomaba el nombre del barrio.

Este conjunto de calles se ha clasificado en cuatro tipos, distinguiéndose las vías maestras; las calles públicas, que parten de las anteriores, en las que se afincaban los artesanos y que funcionaban como maestras de los barrios; las calles de paso, conectadas con las públicas; y por fin, los callejones sin salida.
Iglesia de la Magdalena en plena antigua zona islámica.
Las dos vías maestras discurrían paralelas siguiendo las curvas de nivel, cruzando la falda del monte, y que confluían en la Puerta de Martos. Esta estructura urbana se mantendría en época medieval y moderna y aún es claramente observable en la realidad, de ahí la importancia de la distribución de los árabes en los primeros años de Yayyan.

Durante la larga dominación árabe se produjeron luchas entre moros y cristianos y prolongadas etapas de paz. Alfonso el Batallador cercaría Jaén entre 1.125 y 1.151, conquistándola finalmente Fernando III el Santo, en 1.246. Los moros la atacaron en 1.300, pero no consiguieron hacerse con la plaza debido a la ayuda prestada a Jaén por los Caballeros de Baeza. A lo largo de aquella etapa árabe el Alcázar viejo (parte de lo que hoy es el Castillo de la ciudad), que era modificado continuamente, fue escenario de grandes acontecimientos.